Música
contemporánea a Elisabeth con JAMES TURLE. Banda sonora de Orgullo
y Prejuicio de DARIO MARIANELLI (bueno, italiano). Del siglo XXI,
regusto clásico con JAMIE CULLUM. El grupo OASIS da el punto popero
british. JAWS, nuevecito y con un aire The Cure fabuloso.
La
selva está llena de sonidos de toda clase, rumores, ruidos,
sintonías... Algunas son reales y naturaleza al únisono componen
una auténtica sinfonía. Otras están inspiradas en ella como la
banda sonora compuesta para la película. Alguna otra más, mero
antojo.
La guerra en
el cine, con la apropiada banda sonora, suena a esfuerzo heroico. Me
encantan las bandas sonoras de las pelis pero en este caso añaden un
ingrediente que engañoso para mi gusto. En la última de Scorsese,
Silencio, la banda sonora está formada por los ruidos de la
naturaleza: viento, pájaros, mar... y la apreciación cambia. No
obstante, un poco de guerra vista por alguno de los grandes no está
nada mal.
Por
supuesto, la música de la propia guerra civil, la contemporánea a
los hechos, aquella que animaba al personal o le hacía pensar en
tiempos mejores no podía faltar.
Bob
Dylan podría ser parte de la banda sonora del libro ya que Cercas y
Trueba, en una de sus conversaciones tienen a Dylan como
acompañamiento.
Después
de toda la barbarie bélica, una de esas cosas bellas que mantienen
viva la fe en el ser humano.
Cuando hay por medio una banda sonora, ésta obliga y, más si está
compuesta y elegida con tanto gusto.
A partir de aquí, anarquía y puro antojo (Con Duke Ellington, tengo una excusa, he asistido recientemente a un concierto sobre sus Conciertos Sacros y, aún apostando fuerte, puede que no le fueran nada mal a esta tierra dura y esencial)
La seda
tiene unas propiedades que han hecho de ella uno de los tejidos mas
apreciados. En invierno da calor y en verano frío, además es
reluciente y brillante, suave y fuerte.
¿Cómo convertir en sonido
algo suave y fuerte a un mismo tiempo?
Sobre la versión suave...
Y la versión más
enérgica...
Yo esto lo veo suave y
fuerte a un tiempo y ¡sin cuidado oídos ajenos!
No he estado
lo suficientemente hábil y no puedo localizar la banda sonora de
Adam Cork "Genius" compuesta para la peli. Una pena porque
la recuerdo como interesante, a revisar, asignatura pendiente (otra
más). A modo de compensación, he llamado a George Gershwin.
Gershwin nació en Brooklyn en 1898 y murió un año antes que Thomas
Wolfe. Podían haber coincidido comprando el pan una mañana en Nueva
York. Sea como fuere, La Rhapsody in Blue de Gershwin tiene todos los
sonidos del Nueva York que a todos nos gusta. El atarantado, loco y
hondo callejero de película.
Y mucho jazz
que Wolfe parecía encantarle. Nada que objetar, al contrario, lo
entiendo perfectamente.
Pero empiezo por el final, un clásico "Minnie The Moocher" y una vuelta de tuerca, todo vale.
Sergio del Molino propone una visión muy interesante sobre el papel de la música de raíz que consumimos o rechazamos sin pararnos a pensar lo que representa. Muchos grupos han hecho de su trabajo un quehacer casi etnográfico, una labor de rescate de toda aquella música tradicional que de no ser recogida acabaría en el más completo de los olvidos. Pero además de ese deseo de no olvidar hay también un impulso de reivindicar lo tradicional, la raíz. Esa visión es verdaderamente interesante y así lo constata Sergio del Molino. Para hablar de todo ello abre un capítulo que llama "Un país imaginario" dentro de la tercera parte del libro titutada "Orgullo". Orgullosos de lo que fuimos sí (bueno o no, según conveniencia) y lanzándonos a imaginar algo de lo que pudo ser y quizá no fue. Todo eso nos explica y describe cómo fuimos pero, cuidado, siempre caminando por el justo medio, teniendo la previsión de no caer en el nacionalismo cerril, porfa.
De
algunos ejemplos citados en el libro, como Labordeta o Miguel Poveda
(el barcelonés hijo de murcianos que primero cantó en catalán el
flamenco) atención a Extramoduro, por su humor y mala leche.
Aunque con tradiciones musicales también se les puede dar la vuelta
Un poco de buen soul, que tiene mucho de raíz y más todavía de sonido cosmopolita.
Para acabar, The Cure cantando-contando una historia que bien podría ser una de esas narraciones tradicionales, como las que Del Molino cita de Becquer, para dar miedo a los niños, aunque eso sí, al más puro estilo english.
Me ha dado
una fiebre de "Chinoseries " a lo Yimou. Revisando algunas
de sus melodías musicales he vuelto a escuchar cosas verdaderamente
fabulosas. Además, con Regreso a casa también se puede una dejar
llevar con sumo gusto.
Tengo que
incluir también algo que no ha olido a la China ni de resbalón pero
que es buenísimo.
Sigo en la línea rusa y apuesto por lo clásico y propio. De esta
manera he llegado fácilmente a Prokofiev y Shostakovich, dos de los
grandes en la historia de los compositores mundiales y que vivieron en la
época que nos ocupa.
Un ejemplo
Y otro más
Y un himno creado en los años 40 y de mucha calidad
Algo
de la relación entre creadores plásticos y músicos.
Músorgski
compuso su obra "Cuadros de una exposición" para una
exposición de arte.
Gabriel Erkoreka compuso su "Hamar" para una puesta de largo en el Museo Guggenheim de Bilbao.
Kandinsky
entendía la pintura en clave musical "El
color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma.
El color es la tecla. El alma es el piano con muchas cuerdas. El
artista es la mano que por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana" Como no he conseguido saber que le gustaba a Kandinsky le hago un préstamo siglo XXI, alucinaría fijo.
Y con esto, no podría dejar de moverse, colorear e imaginar...
Así como la
voluntad estética en multitud de manifestaciones de la vida es
claramente reconocible para mí, tengo que confesar mi absoluta impermeabilidad para sus manifestaciones musicales. Aunque nunca se
puede generalizar, aunque solo fuera por principio, tengo en el oído
un taco de madera para la música tradicional japonesa. Este hecho no
deja de sorprenderme, no por la dudoso calidad de mi oído, sino que
una cultura me llegue y conmueve en alguna de sus manifestaciones
artísticas y en estas, como es la musicalidad o me duerme o irrite,
lo cual ya describe mi predisposición para ella. De todas formas, he
buscado alguna pieza musical interpretada por el instrumento que
tocaba Madama Crisantemo (puede que sea una cuestión de insistir)
"... A mi espalda
una musiquilla triste, triste hasta hacer estremecer -y tenue, tenue,
como el canto de las cigarras-, comenzó a dejarse oír ensordinda;
elevóse, después, gemebunda, como la débil queja de un alma
japonesa en pena y angustiada en el aire silencioso de mediodía.
Eran Crisantemo y su guitarra, que se despertaban juntas..."
Una de las
consecuencias más brillantes del libro de Loti fue la composición
por parte de Puccini de la ópera Madame Butterfly. ¿Loti pensaría
de la composición que era un ejemplo más de japonismo digno de ser
perdonado?
"Verdaderamente,
todo un embrollo de novela parece apuntar en mi horizonte monótono;
toda una intriga parece querer anudarse en medio de este pequeño
mundo de musmés y de cigarras. Crisantemo enamorada de Yves; Yves,
de Crisantemo; Oyuki, de mí; yo, de nadie... Hasta habría materia
para un gran drama fratricida, si estuviésemos en un país que no
fuese éste; pero estamos en Japón, y dada la influencia de este
medio, que atenúa, que achica, que ridiculiza, no resultará nada de
eso. "
No me puedo resistir a John Williams
La trucha. Como título de
una obra musical encajaría perfectamente en la concepción japonesa.
La dedicación de una pieza clásica a un mondo y lirondo pez no me
encajaría a priorio con Shubert, pero aquí está. Todo un lujo.
Y porque lo hermoso lo es sin más justificación...
"Siempre el ruido de cigarras, estridente, inmenso, eterno, que brota día y noche de las campiñas japonesas. Está por doquier y sin cesar, tanto en las ardientes horas del día, como en las frescas horas de la noche. En medio de la rada, desde el momento de llegar, ya lo habíamos oído, procedente de las dos orillas a la vez, de las dos paredes de montaña. Es obsesionante, infatigable; es como la manifestación, el ruido mismo, de la vida especial de esta región de la tierra. Es la voz del estío en estas islas; es un canto de fiesta, inconsciente, siempre igual a sí mismo, y aparentando siempre hincharse, elevarse en una mayor exaltación de la alegría de vivir."
Empezamos
pegando fuerte. Música inuit, para oídos acostumbrados a la musicalidad de
vientos, tempestades, crepitar de hielos, requiebros de focas, leones marinos y
osos.
Pero yo que tengo el oído asquerosamente occidentalizado, no me veo tanto en el iglú de la prota inuit, asomando la cabeza para escuchar la natura, como en la casita de madera que le sirve de refugio a la señora Peary, con una gramola. Allí mirando por la ventana, a resguardo, sí.
¡Oye, qué relajo cuando la naturaleza se porta!
Sigo igual, para compensar las tempestades
He intentado no acabar con un bailongo (la historia no lo requiere), pero quién se resiste cuando es la fauna la que propone...
Todo sería muy
de raíz si atendemos a la vida de Mevlut. Sus gustos y preferencias entroncan
con la tradición que le ha criado y conformado.
“Con el
placer por la música que fue cultivando durante aquel año, Mevlut escribió un
buen montón de cartas a Rayiha, inspirándose en las canciones populares de
Anatolia para describir a su amada “de miradas coquetas”, “sus ojitos de
gacela”, “su mirar acaramelado”, “la de ojos azabache”, “la de ojos
embriagadores”, “de miradas insinuantes”, “con ojos como dagas” y “de destellos
hechizantes”.
Música
popular de Anatolia de estilo nihavend
de Erol Sayan como ésta
Así que puedo imaginar que las musicalidad de los derviches también le harían tilín.
A partir de aquí, me pongo los auriculares y mi paseo musical por Estambul, como por la vida de Mevlut, se vuelve heterogéneo, antojadizo y extravagante.
La guerra tiene
aquí una lectura rock fuerte. He leído por ahí que a Aranoa se le había ido un
tanto la mano con tanto ritmo rockero para acompañar a según que momentos
dramáticos. Disiento. ¿Llamativo? si. ¿Inadecuado? no lo creo. También habría
llamado la atención cuando Scorsese, en Toro Salvaje, colocó música clásica en
la escena del ring, si no recuerdo mal. Pues eso, qué viva el contraste.
Y si la cosa va
de contraste, me uno al reto. A lomos del jeep, por paisajes ariscos y duros…
Para los momentos de sinrazón. Hay algunos.
No pueden faltar notas poperas, para las veces que se asoman al pozo.
De la peli la pieza musical que me produce el contraste que más me gusta es la de final “Where have all the flowers gone” de Pete Seeger interpretado por Marlene Dietrich. Es el telón de fondo musical de las últimas imágenes de la cinta.
¿Cómo hubiera sido el emparejamiento imagen-sonido con Balkan Gypsy Folk Music? ¿Es por demasiado oportuno inapropiado?
Lo cierto es que
en esta ocasión, la música me plantea un pequeñísimo problema ya que no hay
banda sonora de la que partir, un lugar físico único que inspire, personajes
que hablen de sus gustos y preferencias… pero tengo un dato sobre Kapuscinski,
y también mucha imaginación.
Kapuscinski
habla de sus preferencias por el jazz, en particular de Louis Armstrong. Me
sumo.
¿Y por qué no escuchar alguna música de raíz que pudo escuchar el autor en alguno de sus muchos vagabundeos? Si pudo escuchar algo similar, si le gustó o lo detestó, es algo que no vamos a saber. No importa demasiado, curioseemos y pongamos música al paisaje.India, China, Irán,
Congo…
INDIA
CHINA
IRÁN
CONGO
En cuanto a Heródoto, música de acompañamiento para la lectura del primer curioso que puso negro sobre blanco todo aquello que creyó digno de ser recordado ¡Va por ti, maestro!
Algo de lo último para el último libro de Ryszard Kapuscinski
Increíble lo del
setecientos musical: Vivaldi, Teleman, Bach, Haëndel, Haydn, Mozart… ¡qué
cosecha!
El
autor citado por Reverte es Scarlatti
“Más tarde,
la acuarelista Tancredi, siempre etérea, tocó en el clavecín una pieza de
Scarlatti que fue exageradamente aplaudida, y acabaron, diversión de moda,
recortando siluetas mediante la luz de una vela proyectada en la pared”
No
puede quedar fuera Boccherini.
Con referencias.
Varios años
después, metidos ya en juerga revolucionaria, y además, ya he hablado en otra
ocasión de esta música, pero está tan llena de ideales y de porvenir, con el
grado suficiente de ingenuidad, y la música es tan buena…
Es
una infracción al código, que me he autoimpuesto, de no incluir cosas que no
merezca la pena compartirse, desde mi óptica subjetiva, claro está. Desde esa
posición la tarantela no me mola nada. No obstante es muy propia de la tierra y
de los protas de la peli y aquí están.
El porque sí.
Cuando
Beethoven compone su Pastoral a buen seguro que estaba pensando en otros
espacios y otras montañas, pero yo cierro los ojos y me veo como una alegre
pastorcita a la que no le afecta el calor y la dureza del paisaje calabrés.
Si hablamos de mafia, la tragedia siempre se cuela de rondón,
y aunque la música no evita las consecuencia de lo trágico, las hace más
artísticas.