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18/2/16

Comemos con la imaginación

Alimentarse es una necesidad además de un placer. No descubro ningún secreto ni soy nada original diciendo que la comida va más allá del propio mantenimiento del corpachón en el que vivimos. Y esto viene de largo.

El bueno de Homero situó a Ulises, en su deambular por el Mediterráneo de su regreso a Ítaca, en la isla de los lotófagos, los comedores de loto. El loto conseguía anular la memoria de su comedores provocando una amnesia permanente. No tengo muy claro si Homero le hizo pasar a Ulises por dicho trago como castigo o como oportunidad de llegar al paraíso terrenal. Un buen menú para la psiqué.

El antropólogo Levi-Strauss, allá por los años sesenta, elaboró una teoría cultural sobre la observación de aspectos sociales entre los que destacaba lo crudo y lo cocido. El libro del mismo nombre incide en las consecuencias generadas por este cambio en dieta diaria.

Los canívales, alguno hay en activo todavía, comen carne humana no con afanes culinarios, bueno alguno habrá que sí, sino con la absoluta convicción de que con ese acto se están apropiando de los poderes de aquel al que despachaban. Comida con digestión espiritual.


Otra gama de artículos comestibles con implicaciones psicológicas seguras son los afrodisíacos. Bien, pausa aclaratoria. Los expertos aseguran que hay alimentos muy concretos que estimulan la testosterona, la oxitocina y la dopamina, homonas éstas que ponen a cien nuestros afanes amatorios. Pero no nos engañemos, cada vez que se invocan estos poderes, el personal se ve comiendo caviar de beluga, fresas fuera de temporada con champán muy francés que uno no se puede permitir. Es decir, una situación muy glamurosa, con platos bien surtidos, y ya entonces, a superar el reto con la cotidiana pareja. Es decir, otra cuadrilla de alimentos que pasan en gran medida por el cerebro antes de llegar al estómago.

Lo que no hubiera imaginado es la práctica de The Explorers Club de Nueva Yok en sus ágapes, en 1951 sirvieron una cena que incluía mamut. Todo una aventura gastronómica que ha hecho costumbre y por ello el reputado club tiene a gala servir menús originales. Bien, pues nada de nada. Un equipo investigador de Yale ha concluido que no fue mamut lo que se comió, sino tortuga. Todo un fiasco. Un engaño sin paliativos. Y digo yo ¿de verdad tiene poderes especiales una comida especial? ¿El evento cambia y se modifica su sentido si es la humilde tortuga la que reconforta a los comensales y no el mamut?

Y seguimos en la misma senda. El cerebro comiendo a raudales y la imaginación haciendo la digestión que alimenta. Si no comiéramos con la imaginación quién sería capaz de diseñar y elaborar menús como, por ejemplo, los que inundan la nueva cocina. Una autentica rendición sensitiva que comienza con la seducción de la imaginación. Cómo no dejarse llevar por la kilométrica sonoridad de sus platos y la fantasía de sus combinaciones: "palitos de hibiscus y cacahuete", "raíz de loto con mousse de arraitxiki", "bocaditos de mar con traje de huerta y cama de azafrán" .... Alimentarme, lo que se dice alimentarme, con simplicidad y rapidez; para comer, que venga todo tipo de propuesta, mi imaginación está dispuesta.

Lacena en la que nunca se sirvió carne de mamut

Arcimboldo




17/1/16

De la anécdota a la categoría


Los japoneses son el pueblo que hace de la delicadeza cualidad cotidiana, de la limpieza en los espacios comunes normalidad y no virtud; de la etiqueta y la aproximación al otro un juego de normas aprendidas, una coreografía que invita a la imitación y la respuesta; del trabajo diario una actividad que requiere respeto, dedicación y entrega. Con todo y con eso, admiro y no entiendo.

La última película japonesa que ha viajado hasta nosotros, Una pastelería en Tokio de Naomi Kawase, me ha dejado confundida . Admiro, simpatizo, disfruto, pero de repente en el minuto x de la peli, los sentimientos y motivaciones de los protas se me escurren entre los dedos. No consigo empatizar. Y no es la primera vez que me ocurre que ante el lejano oriente admire y no comparta.
He pensado en esto al leer la noticia de que en la estación de Kyu-Shirataki, situada en Hokkaido, el tren no dejará de parar hasta que su única viajera, una adolescente que viaja al instituto, no acabe sus estudios de secundaria. La empresa ferroviaria, conmovida, ha tomado esta decisión y con ella, nos ha hecho un feo al resto del mundo. Me quedo con los ojos vueltos ¿Alguien en este país nuestro, y me atrevo a decir en esta Europa nuestra, se pone en situación y cree que las autoridades ferroviarias hubieran tenido una reacción como la nipona ante una situación semejante? Aquí mi imaginación se vuelve lilliputiense. No lo veo.

No obstante y dando un brinco paso de la anécdota a la categoría. ¿Estoy muy perdida al pensar que da igual la tierra que pisemos, lo ropa que nos pongamos o la comida que comamos, puesto que todos somo habilis iguales? ¿No son nuestras pasiones y emociones las mismas independientemente que paisaje veamos de mañana al levantarnos? ¿No compartimos en todos los rincones de la bola del mundo un equipamiento básico con el que echar a andar? Necesito algo más que un traductor de idiomas porque desde mi pueblerino sillón de orejas he llegado a la certeza de que todo lo que ocurre al este del meridiano 20º lo empiezo a comprender con dificultad, y no digo nada del 140º. Estoy a falta de un curso intensivo y acelerado de "Otras culturas al alcance de cualquiera" porque de otra manera corro el riesgo de no salir de la sorpresa sin contenido, del contraste pintoresco y estereotipado y de la incomprensión más absoluta. Esta bola que gira manteniéndonos pegados al suelo siempre me deja fuera de juego.














14/12/15

Física para soñadores


Parece que fue ayer. Casi. El 25 de noviembre se han cumplido los 100 años desde que Einstein exprimió un poco más sus meninges publicando la Teoría de la Relatividad General. Genuflexión. Pausa valorativa.

Todo intuitivo. Ningún conocimiento fiable. Esa es la historia de la relación que mantengo con la física. Pero esto se va a acabar. Este centenario marca un punto de inflexión en mi ignorancia científica. Me pongo manos a la obra para subsanar deficiencias.  Para ello, he empezado por el principio. Tiene que ser claro y sencillo, asequible.  Mi profe en la distancia es Steven Weinberg (físico teórico y Premio Nobel de Física) y su libro Explicar el mundo. El descubrimiento de la ciencia moderna. (muy pero que muy interesante, aunque a la parte de Notas Teóricas no he podido hincarle el diente, en fin)

A continuación, he pensado hacer honores al homenajeado.  He bajado el listón pensando asegurar el éxito y he elegido una colección rabiosamente divulgativa de la editorial Blume, bien: Einstein. Su vida, sus teorías y su influencia.  (Mi autoestima está en una situación difícil)

Voy paso a paso y ya van surgiendo certezas. En concentrada fascinación me encuentro. Existe todo un mundo invisible en el que se desarrolla una coreografía fija a un ritmo frenético, “la danza de la mota de polvo evolucionando por el aire”, algo así. Einstein formuló una ecuación matemática, la relación de Einstein, mediante la cual se puede medir la distancia que recorre una mota de polvo por el aire como resultado de las colisiones con los átomos de aire.  Primera perla: bailoteo invisible en el medio aéreo.

La seca realidad, en ocasiones, se muestra como el más imaginativo de los poetas.  A quién sino a ellos  se les ocurriría que un minuto, una hora, un año, no duraran lo que acostumbran.  Pues hete aquí que a los físicos con gran imaginación, también.  Incluso, algunas pobres criaturitas, que vivimos en aceleración constante, igualmente nos gusta pensar que el tiempo va a dar más de sí según nuestra conveniencia y el tamaño de la lista de cosas pendientes. Oigan que no. Error. Pues bien, llega Einstein y demustra que el tiempo es una dimensión relativa, aunque mientras no consigas moverte a la velocidad de la luz, el tiempo tiene el mismo ritmo de siempre y  que lo único que podemos sacar es un ataque cardíaco en toda regla. El día que consigamos esa velocidad, todo cambiará. Incluso la eterna juventud estará más cercana puesto que envejeceremos más despacio. Si uno se embarca en un viaje espacial viajando años a la velocidad próxima a la de la luz, al volver a la Tierra habrá envejecido menos que los que no pudieron irse de vacaciones. Segunda perla: el tiempo es relativo.

A modo de experimento y comprobación, que para algo estoy enredada con la ciencia, voy a hacer una pequeña prueba. Para ello me voy a servir de un plato hermoso que tengo y que utilizo para dar la vuelta a la tortilla de patatas.  Tendré que imprimirle una velocidad de giro que se aproxime a la de la luz (estoy pensad cómo) Mientras doy solución a esa pequeña eventualidad, contaré lo que sucederá. La circunferencia exterior al girar se  contraerá por la velocidad, pero el radio de ésta no variará. Curioso, eh? Esto que le va a suceder a mi plato tortillero, le llevó a Einstein en su Teoría General de la Relatividad a demostrar que masa y energía pueden deformar el espacio y el tiempo. Tercera perlita: el espacio se curva y deforma.

Minutos de duración variables; choques y colisiones descomunales entre partículas invisibles; espacio que se deforma según la marcha que tenga. Todo es de un poético y onírico que me deja confusamente encantada. Así, no es de extrañar que un buen día Einstein se descolgara con esta dulce piruleta “La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado” ¿Quién da más?


            

           

15/11/15

Escrito en piedra


Si alguien escribe algo en piedra es porque el mensaje es una máxima irrefutable o el autor tiene un ego que no le cabe en el traje. ¡Qué afán con que lo escrito perdure! Oigan, que no, que hay montones de cosas que están bien perdidas y bien perdidas; que no todo es bueno ni merecedor de recordarse; que hay mucho digno de mejor destino que el de perdurar. El paso del tiempo es un filtro aleatorio que permite la perdurabilidad o el extravío de joyitas y desvaríos a partes iguales.

Desde la Antigüedad se han elegido materiales duros (granito, mármol, caliza, incluso cerámica) con toda la intención. Los textos normalmente son breves (siempre hay excepciones como algunas parrafadas grabadas por los egipcios sobre granito) y potentes, el propósito  es evidente: al grano y por siempre jamás.

Todo esto ocupa a mi neurona después de leer una noticia que se hace eco de una publicación, Las inscripciones de la Catedral de León (ss. IX-XX) de María Encarnación Martín López en la que recoge 400 inscripciones realizadas en los muros de dicha catedral. Desde la Edad Media un buen grupo de individuos se han encargado de decorar un edificio único con sus mensajes absolutamente imprescindibles. Lo que priman son los mensajes ideológicos o con afán de catequizar.


Desde el punto de vista histórico la epigrafía tiene un valor incuestionable,  y más si cabe sobre todo lo que nos cuenta de la naturaleza humana. Al fin y a la postre ¿de qué estamos hablando? De permanencia y transcendencia, seguro. Pero puede que hasta sea más interesante la intención del autor que el mensaje en sí mismo. Que el Cabildo catedralicio se empeñe en que sus conciudadanos, sus contemporáneos y los venideros in sécula seculórum sean partícipes de la generosidad empleada en el templo en cuestión, o que fulano de tal esté enterrado aquí y no allí, me deja un poco con la misma temperatura del material empleado en el aviso: fría. También hay inscripciones de más rango como edictos, proclamas o más íntimos como recuerdo de familia y allegados a los suyos cuando dejan este mundo. Pero hay muy poco de “te quiero Pepe” o “qué ratos más majos pasamos al arrimo de estos muros”. Lo sé, su valor histórico es nulo, pero nadie me negará que su lectura despierta una sonrisa y deja volar la imaginación hacia felices pensamientos.

Pero el tiempo pasa y la piedra como soporte se va quedando vieja. Las sondas Voyager llevan una “cápsula del tiempo” en la que se ha introducido ejemplos visuales y sonoros de lo que algunos han pensado que somos como humanos y es aceptable que trascienda. A volar por los tiempos y los espacios aquellas cosas que deben perdurar y representarnos. No se sabe  por quién y cuándo será leído el mensaje, pero se piensa en la eternidad y pensando en dimensiones cósmicos eso es fácil, inevitable seguramente. Estas modernas “epigrafías” cosmonautas me gustan. Todo aquí sugiere y hace soñar.


           

14/10/15

Enjuagues lingüísticos

Me debato entre la indignación y la diversión. Comencé, con el enfado cotidiano pero llevo camino de acabar sonriendo y, además, agradeciendo la creatividad de los profesionales de la política. Nos dan la posibilidad de elegir la emoción que nos apetezca, cabreo o risa. Si el día está gris oscuro, entonces la penúltima ocurrencia de nuestros dirigentes nos parecerá un insulto a nuestro intelecto, no somos catedráticos pero tampoco imbéciles. Pero si el día tiene el color verde esperanza, la sonrisa acudirá y acabaremos por agradecerles esa vena creativa que les adorna y que contribuye a enriquecer nuestro vocabulario.

Este  octubre el gobierno  aprobó una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal  y  entre los temas de calado, supongo, también se aprobó el tema que me tiene en un sin vivir. De ahora en adelante, a todo aquel al que el juez eche el ojo como sospechoso de haber cometido alguna tropelía, le debemos calificar de investigado y no de imputado. Es decir, estaremos hablando de lo mismo que hasta ahora, pero de otra forma.

Tengo la impresión de que este cambio no ha sido motivado únicamente por un deseo de precisión lingüística sino de hacer más amigable a la palabra, más suave, más disculpable. Claro, en los últimos tiempos tanto prócer, padre de la patria, tanto honorable se ha ganado, por mérito propio,  el calificativo de imputado que estamos desbordados. Pero, ante la brusquedad del término, alguien ha debido pensar que si llamamos investigado, al antiguo imputado, haremos mejor la digestión.

Decididamente sonrío, y es que este camino ha sido tantas veces transitado que no queda otra que hacerlo. Algunos de estos enjuagues lingüísticos han sido deliciosos. Cuando se interviene en un guerra, al lugar donde los contendientes se juntan para matarse sin compasión ya no se le llama campo de batalla sino teatro de operaciones, y si se trata de matar a degüello, sin mirar cuánto ni a quién, se habla de daños colaterales. Precioso.

En cuanto una empresa está en la puñetera ruina y no tiene ni para pagar a sus trabajadores, nos dicen que atraviesa un periodo de falta de liquidez, y si estamos metidos en una crisis de la cual no se sabe cuando tocaremos suelo, nos hablan de desaceleración. Maravilloso.


Pero cuando nos quieren tomar el pelo hasta la raíz, sin disimulos ni vergüenzas, para hablar de una crisis sin paliativos,  nos dicen que atravesamos un período  de crecimiento negativo.  Estupendo. Éste es uno de mis preferidos ¿crecimiento negativo? Pero qué puñetas es eso. Me recuerda a otro atropello  lingüístico cometido por un compañero de clase de mis años de estudiante. Este ser creativo sin par, ante la más segura certeza de tener que demostrar que no tenía ni idea de lo que le estaban preguntando, enmascaró la contestación por ver si “colaba”. Puso la imaginación en marcha y ante un diagrama geográfico de unos estratos horizontales comentó que se observaba un buzamiento altamente nulo. El profesor no pudo por menos que, sin identificarlo, comentar la escapatoria creativa del alumno intentando no demostrar su absoluta ignorancia, vamos un engaño ingenioso. ¿No es precioso? Un puro delirio. Engañar con elegancia.


15/9/15

El esfuerzo siempre tiene recompensa

El esfuerzo siempre tiene recompensa

Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello,

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
(Luis de Gógora)

Difícil, si. Hermoso, más. Es necesario leerlo varias veces, concentrarse, darle ritmo. Aparece alguna palabra desusada y la sintaxis se me hace cuesta arriba. ¿Qué ayuda? Tener algún conocimiento del autor y su época, un diccionario a mano, sensibilidad y dejarse sorprender. Entonces si se obra el milagro y se puede entrar en un mundo paralelo y profundo que te deja patidifusa por su belleza e intensidad.

Lamentablemente, mis conocimientos de poesía son muy escasos, otra más de mis carencias, pero eso no es un obstáculo para que pueda apreciar su importancia y valía.  Y es que la mayor parte de las veces, lo importante, rico, lo valioso se presenta ante nosotros después de un arduo esfuerzo. Hay que trabajar las cosas que más satisfacción nos dan.

Me pasa algo parecido con la ciencia y la tecnología. Objetos de veneración y culto a los que llego a entrever  si el trabajo divulgativo ajeno y mi esfuerzo de concentración y comprensión son de la calidad. Como frutos reservados a los iniciados admiro todo tipo de objetos de alta tecnología (de utilización intuitiva ¡ya!) como ordenadores, teléfonos, inteligentes, tablet… (además estos días estoy muy sensible a todas las aplicaciones tecnológicas de la ciencia pura y dura porque he visitado una empresa llenita de robots y verlos en acción, se me ha quedado algo más de cara de mema de la habitual; como bailarinas sin alma, ejercitaban una coreografía rigurosa y precisa)

Conscientes de que la ciencia, es difícil para la mayoría de la gente de a pie, pero totalmente convencidos de que puede empezar a ser comprendida, e incluso ser divertida, un grupo de creyentes entregado a la causa han celebrado, el pasado fin de semana en Bilbao, Naukas Bilbao
Muy divulgativo, incluso divertido. Ese es el camino. Ahora a nosotros nos toca esforzarnos. Vale, me concentro.
            

13/8/15

Un mundo robótico






UN MUNDO ROBÓTICO





Hace un puñado de años, Dorys Day cantaba el  Qué será, será… con su cara angelical y pelo algodón de azúcar. El tono, el mensaje, la melodía todo apuntaba al mega optimismo y la confianza, un poco panoli y bien intencionado. Pues se acabó la fiesta hapy-hapy porque únicamente llegan a mis oídos melodías de terror. El sonsonete que no se me va de la cabeza está en sintonía con el sigilo terrorífico del Tiburón de John Williams o la inquietante presencia del Drácula de Wojciech Kilar. Pura coincidencia, pero la penúltima que he leído sobre la velocidad de crucero sin rumbo que lleva la tecnología me deja helada.

Mi temor comenzó hace aproximadamente un mes. Hacía calor y acabé en el cine viendo el último Terminator. Génesis. De la peli ni voy a hablar, aunque si me acuerdo de un detallito que aparecía en la misma. El reto del anciano Schwarzenegger y sus colegas era acabar con un sistema de destrucción masiva, instalado en teléfonos, tabletas y todo tipo de dispositivos de bolsillo. Un sistema operativo que daba el poder a las máquinas. Bien, es ciencia ficción. Puedo con ella.

Subimos un escalón. Diez días atrás, vagabundeando por La Dos a la Carta, me topo con un documental Trading de alta frecuencia.Un mundo aparte, brokers robóticos. Alrededor de dos tercios de los movimientos bursátiles en Estados Unidos los realizan ellos. Máquinas programadas para vender y comprar a velocidad de vértigo, especular de forma inhumana y ganar dinero a paladas. Ya han provocado un par de caídas o bajonazos bursátiles que los especialistas tachan de peligrosas. El mercado del dinero. Glup. Trago saliva, esta situación no es hipotética o imaginada.

Para acabar y llegar a donde yo iba, antes de ayer me encontré con el terror en forma de noticia periodística. Toby Walsh, experto en inteligencia artificial,  alerta sobre una amenaza real, la creación de robos asesinos en cincuenta años. Junto con un grupo de colegas y científicos piden a la ONU su prohibición.  ¡A temblar que esto es real¡


¡Con lo que me gusta la ciencia ficción! Estoy dispuesta a creerme que un buen día  lleguemos a Marte y volvamos para contarlo; que superemos la velocidad de la luz para poder darnos un garbeo por Saturno; que nos teletransportemos; que montemos hoteles  finde en la Luna; que todos llevemos uno de esos buzos de plástico fino, tan espaciales, asépticos e impersonales… Pero puñeta, no todo tiene que hacerse realidad. Los pasajes de monstruos sin cara a los que les encanta comer humanos sin haberlos probado, no tienen porque llegar aquí. Aunque bien mirado ¿quién teme a un improbable monstruo alienígena si ya nos vamos a encargar de hacer replicantes metálicos multiformes que no nos coman pero que nos maten igual?



15/7/15

Santidad Cívica

SANTIDAD CÍVICA




Después de ojear la mayor parte del periódico, llego distraídamente a los obituarios y la mirada se queda enganchada. ¡Ostras, un notición semi-oculto¡ Una historia  poco noticiosa y esencial. La leo con detalle. Nada nuevo, porque si se trata de hablar de temas relacionados con la bondad y la humildad, o mejor dicho, conmemorando y festejando las mismas, la venta de periódicos se resiente y los radio oyentes no parecen retenerla ¡Pasan tantas cosas en el mundo que…! Y es verdad que el mundo es grande y agitado, no obstante, no creo que abunden individuos que puedan apuntar en su historial el haber salvado la vida a 669 niños.

El 1 de julio, murió a los 106 años Nicholas Winton. Este ancianito, en sus años mozos, en los primeros meses de 1939, organizó la salida desde Praga de todos esos niños escapando de la amenaza nazi. Los niños, una vez en el Reino Unido, eran distribuidos en familias que se prestaban a acogerlos. Winton, una vez acabada la II Guerra Mundial siguió realizando acciones solidarias. No obstante, sobre la existencia de esos niños salvados, ni su mujer supo nada hasta muchos años después. El gran público supo de su existencia en 1988 gracias a un programa de la BBC.

Lo cierto, es que este hombre tenía al menos dos cualidades por arrobas: bondad y humildad. Bondad a chorro, a granel, hasta desbordar. Hay una abrumadora mayoría de gente buena (estoy positiva), buena con peguicas, con peros, pero en esencia buenos. No obstante, una cosa es ser bueno y otra es empeñarse en hacer el bien. La mayoría de los ciudadanos no quiere hacer el mal, pero hacer el bien, implicarse, molestarse, incluso arriesgarse, salir de la zona de confort… eso ya es otra cosa. Allí hay menos voluntarios. En cuanto a la humildad, tampoco abunda en demasía personajes que teniendo de que vanagloriarse son humildes a tiempo completo, en secreto. Incluso hemos acuñado un concepto para disculpar, a la par que condenar, esas naturales inclinaciones humanas: falsa modestia. Nicholas Winton tenía también modestia y humildad como para prestar.

Puestas así las cosas, he pensado rellenar una instancia dirigida al Vaticano, departamento de Santidad Cívica, para que echen una ojeada al curriculum de este hombre. ¡Corcho! No he visto las bases de la Santa Sede, ¿dará el perfil mi patrocinado? No sé, no sé…


         

Hay hombres que luchan un día ...y son buenos...hay otros que luchan un año y son mejores...hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida... esos son los imprescindibles. (Bertolt Brecht)

15/6/15

Las cosas de Nash



LAS COSAS DE NASH


¿Qué tienen en común las matemáticas, la economía, la política y el factor humano? Pregunta de concurso sin premio.

El pasado 24 de mayo murió el matemático John Nash en un accidente de tráfico. Nash tenía en la vitrina del comedor de su casa el premio Nobel de Economía y el Abel de Matemáticas, entre otros, es decir, fue uno de esos tipos imprescindibles y un gran desconocido para una parte bastante abultada de los mortales. Su salto a la fama en los mass media se produjo con la peli. de Ron Howard “Una mente maravillosa” 2001 (un voto a favor de ese cine “al negocio a través de la divulgación”, con sus más y sus menos; en este último años he conocido al menos de oídas a Alan Turing, Descifrando Enigma, 2014 y a Stephen Hopkins, La Teoría del Todo, 2014,  me falta Einstein), entonces le conocí yo también, lo confieso.

Ojeando en prensa una de las aportaciones de Nash que más eco mediático han tenido me he topado con la Teoría de juegos y el “Equilibrio de Nash”. El ejemplo más divulgado es el caso del prisionero

          
Apreciada la agudeza del caso, vuelvo al encadenamiento que relaciona números, su aplicación, el poder y las relaciones humanas.
Nash fue matemático, uno de estos tipos geniales que cuando observa el mundo su interés está concentrado en descubrir cantidades, patrones, parámetros verificables, códigos ocultos perfectos e inalterables, en definitiva, toda una realidad   que se crea para nosotros a la vez que se descifra. Bien, el primer eslabón de la cadena es pues, la ciencia matemática.

De ahí pasamos a la ciencia económica. Esa transición está fielmente atestiguada por la utilización que hace ésta de la teoría de juegos de Nash. El trasvase es bastante lógico, los números son herramienta básica también en la ciencia económica. 


Nuevo eslabón y llegamos a la ciencia política. El político también se hace eco de la matemática y de la economía. Uno de los últimos y más claros ejemplos es  Yanis Varoufakis.  Varoufakis es el ministro de Finanzas griego que se ha declarado amante de la teoría de juegos y que ha intentado, con escaso éxito, llevar a buen puerto las negociaciones entre su país  y Bruselas.  Líneas rojas, zonas de entendimiento, escenarios improbables… toda un jerga de gran nivel para acabar mirando de reojo a las matemáticas mientras practican una partida según las reglas de la teoría de juegos, ¿si, no? Los políticos participantes parecen enrocados en el “si yo gano tú pierdes” o “si yo pierdo tú ganas”. Si no he entendido mal, según el “Equilibro de Nash” la solución colaborativa es la más exitosa para ambas partes. ¿Entonces? ¿Además de no hacer ni caso a los profesionales en estos temas, los “jugadores” han olvidado que detrás de los números hay personas cuantificables pero sobre todo cualificables?  Después y todo va a resultar que las inamovibles y frías  matemáticas de Nash acabarán siendo más fraternales y acogedoras que el factor humano.



14/5/15

Propensión a lo trágico


PROPENSIÓN A LO TRÁGICO
No tiene esa intención y es lógico que así sea, pero veo esta foto y no puedo dejar de apreciar  cualidades artísticas, si se me permite el atrevimiento de aunar preocupaciones artísticas y temas sangrantes. Composición, color, luz, expresividad… Pero al tema, aspecto aquí fundamental, tanto en Daniel Berehulak, el flamante ganador del Pulitzer 2015 de fotografía de reportaje, como en una abrumadora mayoría de ganadores de otros años, siempre capta instantes intensos, elocuentes, impactantes, dramáticos. Kappa decía que si la foto no es buena es porque no estás lo suficientemente cerca, es decir, hay que estar allí y mirar como miran ellos.  Hay que poseer un grandísimo olfato para captar ese instante que exprese y cuente el impacto que recibe el fotógrafo.

Cualquiera de estas fotos es fabulosa y brinda la posibilidad de mirar por un ventanuco y ver una realidad que deja el estómago encogido. En la mayoría de los casos, aparece un mundo convulso, crispado, violento, problemático. Claro, pienso inmediatamente, son  premios a un reportaje fotográfico, poseen un componente periodístico, informativo, documental más que evidente y ¡el mundo está tan puñetero!

Lo está. Lo ha estado y seguramente lo seguirá estando, pero no puedo alejar de la cabeza la idea de que la tragedia nos llega de forma directa, impactante y vende más. Mayoritariamente el drama, la catástrofe y el sufrimiento, tanto en versión escrita como gráfica, es muy noticiable. Bueno, siempre hay huequecitos para las buenas nuevas, pero o son pocas o no nos las cuentan pensando que no nos interesan. Me niego a creer  que por el mundo no suceden acontecimientos felices, de esos que pintan una sonrisa en la cara. No. Me inclino más bien a  creer que tenemos una tara de serie, una propensión enfermiza a interesarnos especialmente por lo dramático. Primero quedamos impactados ante la desgracia, luego nos solidarizamos (incluso puede que lleguemos a algún acto práctico) para luego respirar aliviados y olvidar el asunto.

Somos seres adictos al sentimiento con tintes melodramáticos, como poco, a experimentar el fogonazo de una emoción fuerte. Nuestra parte emocional siempre quiere más y la vida cotidiana nos proporciona seguridad y tedio a partes iguales y poco más. Así que ¿por qué no sentir en la piel de los demás? Sentimiento de segunda mano, de saldo,  pero muy cómodo, sin riesgos, aunque emoción al fin y al cabo. Nuestra parte más animal, aquella que siente sin reservas, que quiere más y más emoción, que se seca si no recibe la savia de una agitación emocional, proclama sin palabras nuestra adicción al arrobamiento, al escalofrío turbador, al gesto conmovedor, a la sacudida vibrante, y más todavía si el impacto es trágico. Como si de un chicle de fresa ácida se tratara, masticamos sacando toda la intensidad, exprimiendo el último regusto, dando satisfacción a nuestras papilas gustativas, sabedores de que el momento es breve. Y bueno, mañana vibraremos con una dosis más de fresa salvaje, hierbabuena selvática o menta azul ¿azul? Si claro que el estremecimiento también puede ser imaginativo.




14/4/15

Riñas de patio en los salones


RIÑAS DE PATIO EN LOS SALONES
En materia histórica, los datos siempre son objetivos, las interpretaciones de los mismos forzosamente subjetivos y  la manipulación segura.

Hechos objetivos. El primero. El 18 de junio de 2015 se cumplen los 200 años de la batalla de Waterloo en la que el ejército francés comandado por Napoleón fue derrotado. Segundo. Los belgas, en cuyo suelo patrio tuvo lugar la batalla, realizan una acuñación de una moneda con un tipo  en el reverso,  aludiendo a dicha batalla,  a modo de conmemoración del evento.

Protagonistas. Francia, indignada. Que qué es lo que pretenden estos vecinos-socios desempolvando las vergüenzas ajenas…; que solo han pasado 200  años y  el tatarabuelo del bisabuelo podía contarlo…; que no es el momento de recordar estos sucesos cuando todos nos esforzamos en profundizar en la construcción europea…; que Francia ha sido y es mucha Francia…
Bélgica se defiende. Que el enclave geográfico en el que se desarrolló la batalla está en su suelo nacional…; que es un fecha obligada para conmemorar, dar a conocer, publicitar… y que van a ser muchos los actos preparados para tal evento…; que ya tienen hechas 180.000 monedas y eso vale una pasta…; que, según dice André Toujour, de la Real Casa de la Moneda “hay que superar la Historia”…
Inglaterra, divertida. En un segundo plano y como ajena a todo el revuelo, el país que hizo posible la victoria, junto con sus aliados, piensa dejar, si o si, patente la magnitud de la victoria. Que os preparéis porque la National Portrait Gallery va a festejarlo por todo lo alto  con una gran exposición…; que “los franceses deberían de crecer un poco” piensa en voz alta el parlamentario conservador inglés Peter Bone…

Resultado. Victoria de Francia. Hace uso de su veto y consigue que Bélgica no ponga en circulación las monedas ya acuñadas. Bélgica se empecina y realizará una nueva acuñación, únicamente conmemorativa, para coleccionistas,  con un tipo en el reverso similar.

Menuda polvareda por una cuestión que tiene la importancia que cada uno, o cada país, quiera darle. La historia está llena de batallas, guerras, perdedores, vencedores, inocentes, culpables… (se podría llegar hasta la época en que las amebas eran los únicos organismos sobre la Tierra y los desencuentros encarnizados, entre estos organismos, ya eran acontecimientos corrientes)  y lo deseable debería ser intentar mantener equidistante la perspectiva y claro el entendimiento.

Volvemos al hecho/s. Junio de 1815 en Waterloo. Europa en guerra. Expansión de las ideas ilustradas difundidas por la Revolución Francesa. Invasiones por las tropas napoleónicas de países europeos y derrocamientos de monarquías. Inicios del siglo que verá la difusión del liberalismo y el nacionalismo. Guerras de revolución, invasión, liberación. Restauración transitoria de las monarquías absolutas. 55.000 muertos en un día en Waterloo.

Voy a estar pelín atenta por ver qué se hace y se dice al respecto en junio de 2015 esperando que los europeos no nos perdamos, como en alguna otra ocasión, en juegos florales.





        

14/3/15

Manipulación de patrimonio por hombres-máquina, en modo "on"


MANIPULACIÓN DE PATRIMONIO POR
 HOMBRES-MÁQUINA
 (EN MODO“ON”)
Realmente es un juego vano, puede que incluso desaconsejable,  intentar conocer o siquiera adivinar, el uso  que quiso un creador para sus obras.  En algunos casos sabemos de sus intenciones o deseos, pero no es lo más importante y con  el transcurrir del tiempo y de los acontecimientos ese deseo posible y primigenio adquiere una importancia relativa.
Disfrutamos, usamos, abusamos y manipulamos el patrimonio artístico y cultural al que tenemos acceso, según apetencias o posibilidades de cada cual. La Historia está repleta de ejemplos que dan fe de ello.  El uso y/o abuso del fenómeno cultural o de la obra artística es una práctica habitual. De menos a más. Es fenómeno bien conocido el de ese inversor-coleccionista podrido de dinero al que le han aconsejado la inversión en arte. Sin hacerse de rogar en exceso, pone encima de la mesa una cifra mareante para llevarse a casa una obra de arte que ni puede ni le importa apreciar. Y qué decir de los grandes museos situados en las capitales más cultas del mundo, allí donde la difusión y/o explotación de la obra artística llega a convertirse en  iconos comerciales (aburridita de la Gioconda) Y subiendo un peldaño, encontramos a los países que consiguen engrosar su PIB, a través de la explotación de su patrimonio artístico. Aquí, posiblemente, Egipto es el rey. Sus antepasados trabajaron mucho y bien.
Ideas políticas y religiosas se han propagado a través de las obras artísticas, posibilitándolas a la par que las fagotizaban. El que haya tenido la suerte de darse un garbeo por el  palacio y jardines de Versalles ha recibido una clase acelerada de monarquía absoluta, puede que sin ser consciente de ello. Magnificencia, poder sin contrapeso. Lo mismo se puede decir de la Basílica del Vaticano, política y religión se confunden en un deseo de propagar los valores católicos del poder espiritual y, de paso, terrenal.  Y qué decir de la iconografía de los cuadros de Zurbarán o de Murillo, por poner dos ejemplos. Pura beatitud.
El uso y abuso económico, político, religioso del patrimonio cultural y artístico ha existido desde muy antiguo  y tiene grandes posibilidades de futuro. No obstante, en las últimas semanas, estamos asistiendo a  otra forma de manipulación de patrimonio: la destrucción.  De entre las más grandes burradas, con permiso de los burros, perpetradas en contra del patrimonio histórico-artístico, el primer premio se lo llevan los hombre máquina, modo “on”, que nutren las filas del Estado Islámico (EI) Si no fuera por el resultado dramático de  esta práctica, podíamos calificar la ocurrencia de pueril. El EI entra en el juego del adoctrinamiento político-religioso a través de la destrucción del patrimonio ajeno a sus valores fundamentalistas y radicales islámicos.  De esta manera, está perpetrando limpiezas culturales destruyendo esculturas asirias y ciudades como Nimrud o Hatra.
No es la primera vez que un grupo, convenientemente adoctrinado y fanatizado toma esta vía, no hay más que pensar en la quema de libros y  de pintura de artistas  no del gusto nazi durante la segunda Guerra Mundial , y el resultado siempre es el mismo: una destrucción inútil.

¿Quién les ha dicho a estos individuos que pueden disponer a su antojo del patrimonio de todos? Ah sí, la fuerza de las armas. ¿Quién les ha engañado haciéndoles creer que se puede borrar el pasado si eliminan  las pruebas de su existencia? Sí, lo sé, un buen adoctrinamiento. Ocurre cuando se deja de pensar por sí mismo.  ¿Y qué  si la interpretación extrema de su religión prohíbe la veneración de tumbas y representaciones escultóricas? Bien, que no esculpan ni construyan ellos.  ¿Cómo han llegado a la conclusión de que destruyendo el patrimonio histórico-artístico de sus antepasados, anterior a la época islámica, van a borrar diferentes formas de pensar, creer, expresarse, de vivir?  Aquí no sé cuándo hemos perdido el paso llegando a radicalismos tales.  De todas las manipulaciones del patrimonio que puedo imaginar, la practicada por el EI que elige la destrucción como método es la peor. A través de la intransigencia destructiva, lo único que  va a conseguir es un efecto rebote uniendo en su contra a todo aquel que tenga dos dedos de frente y alguna neurona lúcida. 

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15/2/15

Emociones pegadas con epoxi


EMOCIONES PEGADAS CON EPOXI
¿Qué ha podido pasar? ¿Quién o qué ha fallado? ¿Ha sido un problema de medios, algo relacionado con la competencia profesional, un puro despiste? Para muchos una chapuza imperdonable, para otros tantos una noticia jocosa. Pues bien, la noticia que llegó hace unos días, nos cuenta que en Museo Egipcio de El Cario,   al super star de los faraones egipcios, Tutakamón, se le cayó la barba. No frivolicemos con el hecho, la barba ceremonial de un faraón no es cosa con la que bromear, puro símbolo de realeza y divinidad. En un intento de remediar el problema con la máxima diligencia, no me cabe ninguna duda, consiguieron llevar a cabo una sonora chapuza. No ha transcendido quién, y en virtud de qué autoridad, pero procedieron a pegar la real barba con epoxi, superglu, pegamento imedio, cola de carpintero o similar… dejando un visible goterón, de una manera tan casera, vamos como haríamos nosotros si se nos rompe la figurita de escayola recuerdo de Benidorm, que si lo que pretendían era una salida rápida, furtiva y airosa, el efecto conseguido ha sido el contrario y la noticia ha dado la vuelta al mundo. 

Pero vamos más allá con la noticia ¿qué se le pasó por la cabeza al operario/a cuando tenía en una mano la barba divina y en la otra el pegamento? ¿Qué sentimiento guió su mano para realizar semejante chapuza? ¿El deseo rápido de ocultar el desastre y salir lo antes posible del aprieto sin consecuencias visibles? ¿El miedo a ser descubierto/a en tal trance? O simplemente entendió que para tamaña tarea el susodicho/a se bastaba en gracia, salero e improvisación? Salir rápido del problema por temor a ser descubierto/a y a represalias? O un mal trabajo que pasa los límites de lo tolerable y se instala en el mundo de la chapuza?



Uno de los ejemplos más mediáticos tuvo lugar en Aragón no hace mucho tiempo. En el Santuario de la Misericordia de Borja, una bienintencionada espontánea, aficionada a la pintura, metió mano sin compasión en una obra de Elías García Martínez, con el loable objetivo de devolverle las glorias perdidas. Dicho y hecho. La intervención sobre la pintura tuvo el resultado de convertir un Ecce Homo  en una obra expresionista, o casi. Si señor. Intervención de grandes vuelos con nulas capacidades.

Y si hay alguien que con maestría nos ha enseñado el miedo  que experimenta el que se enfrenta a un menester de este tipo y lo grotesco de una situación semejante ese es Mr. Bean. Delante de La madre de Whistler intenta salir airoso y acaba perpetrando una fechoría. Y es que Rowan  Atkinson utiliza el humor para mostrarnos a que absurdos podemos llegar intentando escurrir el bulto cuando vienen mal dadas. Se ríe de nuestras reacciones arrojándolas a nuestra cara.

Cuando supe la historia del desbarbado faraón, lo primero que me intrigó es saber lo que pasaba por las cabezas de los protagonistas de situaciones similares. Pero después de darle un par de vueltas a la noticia me parece que la otra cara de la situación también tiene su interés. Quizá incluso tenga mayor interés  que el saber qué se siente y cómo se sale de  un aprieto semejante, sea el comprobar qué sentimos los demás al escucharla. Primero aparece el humor, luego la extrañeza y más tarde la indignación. Aunque puede que sea primero la extrañeza, luego el humor y finalmente la indignación. No, quizás sea la indignación lo primero, la extrañeza y luego nos reímos…. Hay más combinaciones, muchas más. Seguramente el orden de la secuencia emocional nos delata como personas y esto sí que es curioso, muy curioso. 

14/1/15

Espera un poco que me lo pienso


ESPERA UN POCO
QUE ME LO PIENSO
Si nos dejamos llevar por ley del mínimo esfuerzo, el pararse a pensar puede llegar a ser un fastidio, no tenemos tiempo, da pereza…  pero no hay otro remedio. Ejercitar ese órgano que dicen de color gris y que se aloja en la cabeza, cada día que pasa es más  importante.

La dirección evolutiva que nos descubrió Darwin nos lleva a desarrollar un hombre-mujer físicamente justito/a y cerebralmente sobredimensionado/a. Y es que subidos a lomos de la tecnología no hay quien nos pare. El hombre sabio, enciclopédico, renacentista, a la manera de Da Vinci, se quedó allá, en el siglo XVI y alrededores. Tranquilo todo el  mundo, no importa. En todas las épocas nacen y se hacen personas que no paran en toda su vida de establecer relaciones neuronales, y que a base de hacer uso de ellas, obtienen un producto del cual nos beneficiamos los demás. Con ese esfuerzo y con la ayuda de la inteligencia artificial, estamos alcanzado velocidades de crucero en nuestros conocimientos difícilmente imaginables hace unos pocos años.

Pero no nos engañemos. Gran parte de lo conseguido con la catapulta informática, para una abrumadora mayoría, no desarrolla saberes excesivamente profundos en cada uno de nosotros,  casi todo es más bien a nivel usuario, intuitivo, instintivo… Así pues, un mundo de posibilidades a nuestro alcance si tenemos ojos para ver, dedos para enredar e intuición para acertar. Ya, bien. Con todo y con ello, no se me va de la boca el regusto agridulce que me provoca el saber que unos pocos piensan mucho y  los demás lo hacemos menos. ¡Oye, qué descanso! Y me ratifico en la impresión cuando veo que caminamos en esa dirección, al comprobar por ejemplo, que se baraja la posibilidad  de eliminar la enseñanza de la filosofía de nuestro bachiller, materia fundamental para aprender a pensar y a seguir aprendiendo.

Esta idea en la que parece que el esfuerzo que supone pensar y crear criterio propio está algo sobrevalorado, mientras que lo que verdaderamente está la mar de bien visto es tener sobre el saber, o incluso el ser, me viene de cuando en cuando con un movimiento cíclico. El último recordatorio lo he tenido al leer la penúltima buena idea de Zuckerberg, el creador de Facebook: “A year of books” (Un año de libros) Consciente y concienciado de la importancia de la lectura, Zuckerberg va a apadrinar, crear, inaugurar… un club de lectura. Bien. Guiado por el afán de difundir buenos hábitos y mejores conductas, va a difundir entre sus miles de seguidores los beneficios de leer un libro al menos cada 15 días, proponiendo un título. Imagino que hay un buen número de autores cruzándose los dedos, hasta los de los pies, para estar entre los elegidos, el resultado ha sido más que notable para Moisés Naím y su “El fin del poder” que ha conseguido pasar del número 203 al 19 de los best sellers (Amazon), después de la primera recomendación de Zuckerberg.

Pues bien, difusión cultural a tope.  Y a continuación, esa neurona trapecista que tengo y que salta de una cosa a otra, me ha llevado a recordar una noticia aparecida a mediados del año pasado. La noticia reflejaba un estudio hecho por Facebook en el que manipulaba el estado emocional de las personas valiéndose de mensajes positivos o negativos.

De esta manera, pequeñas dosis de optimismo nos hacen estar más positivos y las noticias negativas nos hunden el ánimo. Nada nuevo bajo el sol, dirán los psicólogos. Por otra parte, que críticos y aficionados recomienden o compartan libros o contenidos culturales tampoco es nada extraño. No obstante, cuando desde un medio de masas con miles de seguidores parecen jugar a influir en los estados de ánimo de sus seguidores ( a modo de prueba, experimentando, jugando), o en lo que leer, puede que debamos pararnos a pensar. Ha llegado el momento. Nos apetezca o no, será conveniente no digerir sin cuestionar todo tipo de productos apadrinados por gurús mediáticos, y mucho más sano beber de distintas fuentes. Luego pararse a pensar mientras hacemos una digestión intelectual altamente enriquecedora, y llegar a acertar o no por propio convencimiento. ¡Qué esfuerzo!